Yulimar Rojas: “Las mujeres podemos llegar a lo más alto y hacer historia”

La determinación, el deseo intenso y el creer fervientemente en que el sueño se haría realidad, han formado parte de la mezcla perfecta para la consagración de la atleta venezolana Yulimar Rojas como la mejor del mundo en Salto Triple tras imponer un nuevo record mundial de 15,67mts.

Yulimar Rojas: La criolla dorada

Una preparación de 4 años para una competencia de apenas 30 segundos, que la catapultan en historia de los Juegos Olímpicos. El record anterior permanecía vigente desde el año 1995, precisamente en el que Yulimar vio la luz de este mundo.

La vida para esta joven de 25 años de edad, de 1.92 mts de estatura, quien nació en Caracas, pero creció en Puerto La Cruz, al oriente de Venezuela, no fue fácil. Creció en una humilde vivienda de zinc a la que ella misma señala le daba miedo permanecer cuando llovía.

Pero su origen humilde no fue excusa para que dejara de soñar. A los 13 años inició en el mundo de los deportes, pero en voleibol. Pero, a la edad de 13 años, llegó el día que le daría el giro definitivo a su vida cuando fue invitada a practicar Salto Alto, logrando su primera participación en juegos nacionales e iniciando con pie derecho una exitosa carrera, pues, desde el inicio cada salto de Yulimar valió oro.

Ganó en los Juegos Campeonato Sudamericano Juvenil de Atletismo 2011, en 2013 impuso récords juveniles sudamericanos, en 2015 clasificó a la los Juegos Olímpicos de Rio 2016 en donde alcanzó la medalla de plata, en 2018 logró oro en Birmingham, en 2019 impuso records personal en los Juegos Panamericanos de Lima, el año pasado en Madrid batió record mundial en Salto Triple en pista cubierta y es 01 de agosto de 2021 batió el record olímpico en Tokio con una marca de 15:41 en el primer intento, y finalmente imponer el récord mundial con un salto de 15,67.

Tras alcanzar este logro la superestrella de atletismo en el mundo logró también la hazaña de convertirse en la primera mujer en ganar una medalla de oro olímpico para su país.

“Yo siempre he dicho que quería ser la primera mujer en Venezuela en conseguir una medalla de oro olímpica”, así lo declaraba ante el mundo.

Si algo destaca de este joven atleta es que está convencida de que querer es poder. Yulimar no duda. Cree en ella, en lo que hace, en su entrenador, en su equipo. Su deseo de superación siempre ha sido más grande que cualquier obstáculo y ha sido ese ímpetu y ese deseo intenso de transcender lo que la ha llevado a hacerse cada vez más grande.

Tras su triunfo, Yulimar envió un contundente mensaje a las mujeres. “…Las mujeres podemos llegar a lo más alto y podemos hacer historia. Hoy se hace historia y las mujeres deben estar súper emocionadas y agradecidas, empoderadas de saber que yo he podido conseguir esto y se puede lograr lo que quieran”.

Ella pudo haberse quedado en su barrio, ser una más de las que se resigna a su realidad, pero, decidió pagar el precio hasta hacer realidad sus sueños, demostrando que los únicos límites que existen son los que imponemos en nuestras mentes.

Y tal como ella misma lo señala, todos podemos lograr lo que queramos si tomamos la decisión de hacerlo y no descansar hasta lograrlo.  

Yulimar Rojas es un vivo ejemplo de perseverancia, de constancia, de disciplina, y con su triunfo hoy nos deja una gran lección: Si te lo propones, si dejas atrás los miedos y estás dispuesto a realmente a trabajar por ello estarás destinado a dejar una huella en este mundo. GB

Feliz Día del Padre, mamá

Mi nombre es Carolina, crecí en una humilde vivienda ubicada en el centro de Caracas. Tengo un hermano. Mi madre ha sido costurera, repostera, niñera, obrera, manicurista, cuidadora de animales y ancianos; también le ha tocado ser peluquera, empaquetadora de regalos, ayudante de albañil, colectora de autobús, taxista, sabe de mecánica y de ventas, si, ha vendido desde pescado frito en la playa hasta casas.

Ella aprendió todo esto y más en las muchas tareas que la vida le puso por delante para poder darnos de comer a mi hermano y a mí.

Mi madre no tiene mayor formación académica. Apenas tenía 19 años cuando conoció a mi padre. Fue en un día lluvioso cuando aguardaba a la espera de alguien que la salvara de seguir mojándose en medio de un torrencial aguacero. De pronto se paró frente a ella un impactante vehículo. El chofer bajó el vidrio, era un caballero de ojos claros, cabello negro, piel blanca y fornido. Con un tono de voz capaz de cautivar a cualquier mujer le ofreció llevarla hasta su casa. La joven aceptó.

Durante los 25 minutos de recorrido, pues, la intensa lluvia no permitía ir a mayor velocidad, hubo una conexión increíble. Ella misma ha contado, que los encantos de aquel galán la embelesaron desde el primer instante. Era la primera vez que un hombre tan guapo le hacía vivir un cuento de hadas de apenas unos minutos.

Llegaron al destino final, el apuesto hombre no guardó reparos en ponérsele a la orden prometiéndole que la buscaría y llevaría a su casa si ella así lo deseaba.

Al día siguiente, él estaba allí esperándola para llevarla al sitio en donde estudiaba. Por las tardes también iba a buscarla, así pasaron semanas y algunos meses.

Con el paso del tiempo, el transporte diario pasó de un simple gracias a largos besos de despedida. Luego, llegó el día en el que la casi veinteañera no llegó a dormir. Esa noche se entregó a su amado.

A partir de allí todo cambió, pues, semanas más tarde ella se enteró que estaba embarazada y cuando fue corriendo feliz a contárselo a este hombre él solo le contestó que no deseaba ser padre.

-No quiero tener hijos. Además, ¿cómo se yo que ese hijo es mío?

Aquella humilde y enamorada mujer no podía creer lo que estaba escuchando. Su príncipe azul se había convertido en un verdadero monstruo y lo que sería el día más feliz de su vida, pues, le daría a su amado un hijo fruto de su amor, se convirtió en fatalidad.

A mediado de los años `90 era muy mal visto por la sociedad que acudieras a estudiar embazada por lo que no pasó mucho tiempo para que la echaran del centro de estudio. En su casa, la historia no fue distinta. Su padre machista la echó de ese hogar, ante la mirada impotente de una madre sumisa incapaz de defenderla.

Allí comenzó el sufrimiento de mi madre. ¿Qué hacía? No tenía un trabajo, ya no podía estudiar, estaba embarazada, acudió a casa de algunos familiares y todos le dieron la espalda, no tenía un techo para dormir, ni un peso para comer.

Esa noche, esa primera noche le tocó pernoctar en una plaza. Su cobija fue la fría brisa caraqueña de diciembre, su almohada un bloque de concreto apoyado en el suelo lleno de hojas y tierra, pues, los bancos de la plaza estaban ocupados por mendigos.

Al día siguiente, hambrienta, cansada, angustiada y con los ojos hinchados de tanto llorar, tocó las puertas de una iglesia, allí le dieron abrigo durante mucho tiempo, aprendió varios oficios y ayudó al párroco a vender algunas cosas para ganarse algún dinerito.

Pese a su precaria situación, mi madre nunca concibió la idea de interrumpir el embarazo y más cuando se enteró de que no sería uno sino dos los hijos que tendría. Mi hermano y yo somos gemelos.

Esa noticia, aunque la dejó petrificada durante algunos minutos, fue el gran empujón que requirió para seguir adelante. En pocas semanas serian tres.

Como cosa de Dios, pudo reunir dinero para comprar lo necesario para recibir a sus gemelos. Sobró quien le regalara ropita, alimento y hasta un cochecito de esos de dos puestos.

Llegó el maravilloso día y a eso de las 9:00 am del viernes 15 de agosto Carlos y Carolina, es decir, mi hermano y yo, vimos por primera vez la luz de este mundo.

Ahora con sus dos hijos, mi madre tenía que jugar con el tiempo entre cuidarnos y trabajar. Los días de semana se levantaba a las cinco de la mañana a laborar, cuidaba a una pareja de ancianos al otro extremo de la ciudad, por las tardes vendía hasta loterías en un puestico cerca de la iglesia y los fines de semana bajaba a la playa a vender pescado frito.

Así fuimos creciendo, viendo a mi madre hacer de todo para que nos faltara nada. Lejos de quejarnos porque casi no la veíamos, Carlos y yo siempre la recibíamos con los brazos abiertos, le dábamos masajes, le guardábamos comida y hasta postre cuando nos daba por inventar.

Nuestra mayor prueba de amor hacia es mujer que se sacrificó tanto por nosotros era sacando las mejores calificaciones en la escuela y luego en el liceo, porque es que ella nunca se detuvo.

Un día se volvió a quedar sin empleo y lo único que consiguió para seguir llevando sustento a la humilde casita que con tanto esfuerzo había podido comprar fue, siendo colectora de autobús. Indetenible como siempre, aprendió algo de mecánica viendo a los choferes de los buses reparar sus unidades. Con eso ganó dinero también.

¿Qué no hizo mi vieja para sacarnos adelante?

Eso sí, ella jamás no habló mal de nuestro padre. Jamás nos inculcó nada distinto al amor por la familia.

En algún momento, sé que se volvió a enamorar, después de todo era una mujer hermosa y muy bien conservada pero jamás, llevó a una figura masculina a casa, sus razones, hayan sido las que hayan sido, son respetables y no soy quien para cuestionar.

Lo que sí puedo decirles, es que hoy 26 años después, doña Carolina tiene dos hijos graduados con honores en ingeniería, su sueño hecho realidad. Hoy ya solo trabaja para mantenerse ocupada, no por necesidad. Ahora cuenta con nosotros para retribuirle tanto amor durante toda la vida y vive en una hermosa casa que le regalamos para su cumpleaños. Vive feliz y orgullosa de su familia.

Se preguntarán si en algún momento nos hizo falta un padre, créanme que tal vez nos habría gustado tenerlo, pero, es que mamá supo desempeñar muy bien los dos roles. Siempre ha sido una mujer con mucho temple y carácter para hacer frente a las responsabilidades.

Debo confesarles que recientemente conocí a mi padre, ahora sí quiso llamarnos hijos, cuando nos vio grandes, graduados y físicamente parecidos a él. En ese momento, solo recordé como si se tratara de una película todas las cosas que hizo mi madre para sacarnos adelante. No le guardo rencor a él, lo respeto y pido a Dios que siempre le vaya bien.

En mi madre solo veo el ejemplo de lucha, de valentía. Una guerrera que nunca se rindió y que fue capaz de asumir un error de juventud con gran madurez. Ella es indetenible, ella es un mujerón por eso hoy solo puedo decir Feliz Día del Padre, mamá.

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Historias

Historia de superación: Abuela vive del Internet

Xinia Venegas. Fuente: Xinia

“Recordar es vivir”, es sinónimo de risas, de añoranzas y de buenos recuerdos que, por tan solo instantes, la inmensa mayoría, deseara regresar al pasado solo para volver a vivirlos. El mayor de los ejemplos, una niñez maravillosa, llena de juguetes, de juegos y sobretodo de amor.

Sin embargo, no siempre es así. Para la costarricense Xinia Venegas, recordar es revivir como el ser que debió protegerla le robó la infancia, es ver cómo sus sueños de niña se rompieron y lejos de una vida feliz la adversidad parecía haberse ensañado hasta un punto en el que tuvo que decidir entre ser más grande que el más grande de los obstáculos o morir.

La vida le cambió a Xinia el día que sus padres se separaron estando ella muy niña.

Siendo la mayor de 6 hermanos, Xinia asumió todo el peso de cuidar de ellos, en medio de una familia en donde las carencias económicas estaban a la orden del día, a duras penas culminó el segundo año de colegio, mientras comenzaba a ver cómo se desvanecían sus sueños de ser una excelente enfermera o una gran cantante.

El despiadado maltrato por parte de su madre y de su padrastro obligaron a Xinia a dejar de estudiar e ir a la escuela de la vida. “Hui de ese infierno para hacer cualquier cosa. Lo único que conseguí fue trabajar limpiando casas y cuidando niños”.

“Cuando tenía apenas 8 años fui violada por un extraño, luego mi padrastro se aprovechó de eso para también abusar de mí, sin que mi madre lo creyera. Él le hizo creer que todo era producto de mis traumas”, cuenta.

La princesita no tenía cuento rosa

“Desde ese momento lo único que desee hacer era cuidar de niños para que nadie les hiciera daño. Trabajé en muchas casas como niñera y cuidé de mis hermanos como si yo fuese su madre, daba todo por ellos. Aprendí a observar a otros niños, sabia cuando eran maltratados o abusados con solo verlos”, agrega Xinia.

El fin del abuso y el inicio de otra lucha

Un día cuando Xinia regresaba de trabajar, encontró su casa rodeada de policías y de mucha gente. Era evidente que algo sucedía. Corrió desesperada y al llegar al lugar descubrió que por fin su padrastro había sido descubierto.

“En ese momento, conté a la policía todo lo que ese señor nos hacía a mis hermanos y a mí. Yo no entendía por qué tuvo que suceder todo esto para que mamá me creyera, ¿por qué la persona que más debía protegerme me había dejado sola? Decir la verdad no era suficiente cuando me tocó enfrentar a un mounstro que sabía muy bien cómo manipular a mi madre”.

Luego de toda esa dramática escena, la decisión de la madre de Xinia fue sacarla de casa a ella y a su hermana. Las dos hijas mayores que no llevaban la sangre del desalmado padrastro.

“Nos dejó en una casa para pasar la noche. Al día siguiente, llevé a mi hermana conmigo a mi trabajo y me despidieron, ni me pagaron, porque ellos no eran `guardería`-decían- caminé mucho buscando trabajo en casas donde pudiese quedarme con mi hermana, pero todo fue en vano”.

Tras la situación, la hermana de Xinia fue llevada a un orfanato. “Lloré mucho. No sabía para dónde se la habían llevado, la busqué por todos lados y fue tanta mi desesperación que la dueña de la casa en donde nos había dejado mi madre me reveló el sitio en el que estaba mi hermana y me regaló un pasaje para que fuera por ella”.

“Empezó otra odisea. Yo no sabía andar lejos de casa, miedo, hambre, debilidad, sentí de todo, pero llegué a un lugar llamado La Casa de la Esperanza.  Desde lejos, porque no me dejaron entrar, pude ver a mi hermana llorando sentada bajo un árbol. Luego de muchas horas una niña se acercó y me preguntó a quién buscaba. Le dije el nombre y le señalé: Es aquella que está allá llorando, dile que vine, que no me dejaron entrar, pero que no la voy a dejar sola. Dile que la amo”, narra al tiempo que deja escapar un inmenso suspiro.

Tras tantas horas afuera de esa casa-hogar, pero con la fe en Dios de que algo pasaría y finalmente se reuniría con su hermana, Xinia sucumbió ante la debilidad física y el inmenso dolor que la acompañaba.

“Me desmayé y al verse obligados a ayudarme, no les quedó de otra a los encargados de ese lugar que abrirme la puerta. Dios lo hizo para unirnos. Ya adentro, estuve como más de 1 hora inconsciente. Reaccioné, pero no respondía a nada. Estaba perdida en mí. Solo escuchaba los gritos de mi hermanita para que la dejaran pasar a cuidarme. Finalmente, ella entró y solo hubo lugar para un gran abrazo que mitigó todo el dolor que estábamos sintiendo. Allí viví hasta cumplir mis 17 años junto a mi hermana y otras niñas las que cuidaba con mucho amor”.

“Todo en mi vida era una marca”

“Definir algo en específico que haya marcado mi vida es difícil de decir cuando todo es una marca, pero creo que la falta de valor de mi madre para defenderse y defendernos, y el saber que en este mundo no puedes confiar ni sentirte seguro de nadie tienes que ser fuerte y ver que no hay nadie, tal vez no se logra superar. Hay que aprender a vivir con elloporque lo único que te queda es ser fuerte y mantenerte firme en lo que deseas para ti y los tuyos, porque si lo olvidas la historia se repite”.

Pese a todo el drama que le tocó vivir, Xinia logró casarse y formar una hermosa familia. Junto a su esposo tienen 4 hijos y 2 nietas a las que adora.

Las vicisitudes parecen no terminar

Con una vida estable, Xinia se dedicó a trabajar en sus negocios, pero, su madre y el esposo de su hija enfermaron de gravedad.

“Dejé los negocios en manos de mis hijos, que aún eran menores. Un día les robaron la mercadería y el dinero. Nos dejaron sin nada. Tuve que hipotecar mi casa, la cual perdí porque no pude nunca pagar la hipoteca.  Los únicos ahorros que tenía los invertí en un negocio de criptomonedas y me estafaron. Un día me levanté y estaba en la ruina. Intenté quitarme la vida en dos ocasiones, ya no podía más con la depresión”

Llegó la oportunidad

En medio de tanta oscuridad y de una vida marcada por la adversidad, Xinia encontró una luz al final del túnel y fue gracias a la empresa Online para la que trabaja, donde ha recibido todo el apoyo recibido por parte de los directivos de la misma.

“Con bomtopia.com aprendí a ganar dinero desde mi casa y esto me ha permitido ayudar a muchas personas de tantos países. Finalmente, encontré mi gran oportunidad financiera y créame que de tener negocios físicos a negocios internacionales y ser la dueña de mi empresa a veces no me lo creo. Hoy en día tengo una marca internacional y ya no trabajo con esfuerzo sino con amor, lo disfruto”.

Lo mejor de todo es que Xinia a la edad de  los 60 años  logró sanar sus heridas y hoy es ejemplo de superación para sus nietos y miles de mujeres en el mundo que han sido víctimas de abusos. Gledis

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Personaje de la semana

María Alejandra Pasarella: Mi propósito es sembrar semillas de amor por Ciudad Bolívar

María Pasarella, periodista y empresaria.
Foto: Cortesía

Una sonrisa que te transmite paz, una actitud contagiante y una sencillez que deja ver su esencia, es lo que primero que percibes cuando tienes frente a ti a María Alejandra Pasarella Alvarado, una periodista con una impoluta trayectoria en los medios de comunicación que supera las dos décadas y que ha tomado como bandera de vida mostrar al mundo una Ciudad Bolívar distinta, llena de posibilidades.

Hija de Luis Pasarella, fundador del Liceo Tomás de Heres, y la abogada Ángela Alvarado, esta madre de un joven de 23 años, de pequeña soñaba con ir a Italia porque sus abuelos paternos eran de allá.

Creció escuchando las canciones de Serenata Guayanesa y las historias de Piar y de Bolívar que le contaba su padre, quien se encargó de sembrarle ese amor por la otrora Angostura.

Dice que es la única Parapara que no canta, pero, si la única que escribe y cuenta la ciudad, tal y como se lo afirma la reconocida cultora Mariita Ramírez.Otra de sus pasiones es hacer labor social con propósito.

María Alejandra siempre tuvo claro que estudiaría en la Universidad Católica “Andrés Bello” (UCAB) en Caracas, ya que la consideraba como un hogar por ser la primera universidad que conoció, pues, allí su madre estudiaba derecho.

“No me gustan los números y por descarte decidí estudiar comunicación social porque quería ser actriz y estar ligada al mundo de la farándula, pero me enamoré de esta carrera y me olvidé de ser actriz”, recuerda.

Trabajó a nivel nacional en Radio Caracas Radio y en Unión Radio; en Bolívar, se paseó por medios impresos como El Bolivarense, el Correo del Caroní, elDiario de Guayana y El Guayanés. También hizo periodismo institucional, desempeñándose en la Policía del estado Bolívar como Jefa de Relaciones Públicas, su último empleo como dependiente, pues, de allí salió para convertirse en empresaria y sacó adelante su proyecto de revista llamado Esencia, en el que recogía todas esas historias que dan identidad a Ciudad Bolívar.

“Llegó un momento de mi vida en que estaba cansada de hacer diarismo, me sentía un poco limitada porque el periodismo institucional encapsula y estaba buscando otra cosa, no quería era contar historias negativas, quería darle opciones a la gente, porque sé que les gusta el amarillismo, pero también les gustan las historias curiosas, era un tema de abrir el camino y así empecé”, dice.

La revista salió en su versión impresa desde 2008 hasta 2013, luego pasó a la web en donde se mantuvo hasta el año pasado.

“Decidí cerrar el ciclo de Esencia, cambié el nombre de la cuenta en Instagram y pasamos a ser @infociudadbolivar y una página web con el mismo concepto de la revista”.

– ¿En quién te inspiras para mostrar tanto amor por la ciudad?

-Soy fans de Valentina Quintero.  Ella ama a Venezuela, yo amo a Ciudad Bolívar. Ella recorre el país, yo intenté recorrer el estado, pero la falta de recursos no me lo ha permitido por ahora. Ella cuenta a Venezuela de una manera bonita sin dejar de decir las carencias que hay, pero esa identidad con el país, ese decir: estoy sembrada en Venezuela, ese poder estar en cualquier parte de mundo, pero con convicción estar aquí, es algo que me inspira porque yo también estoy aquí porque quiero. Respeto a quienes se van y sus razones, pero en mi caso siento que es aquí en donde debo estar.

– ¿Cómo concibes el tema de la migración?

-La migración venezolana tiene muchas aristas, pero también se puede ver que nosotros los venezolanos somos gente optimista, echados pa`lante, tenemos muchas virtudes, así como tenemos defectos, pero lo cierto es que esta migración ha traído cosas como por ejemplo que ahora en cualquier lugar del mundo haya presencia de Venezuela, su comida, su gente, entonces no es tan mala la migración. Hay quienes tienen la labor afuera y quienes la tenemos acá adentro.

– ¿Qué significa para ti en Orinoco?

-El Orinoco literalmente me salvó en un momento en que yo estaba pasando por una situación personal que, incluso, me estaba empujando a irme del país.El Orinoco me dio razones para quedarme, hizo que me reconciliara con la ciudad y con su gente, después de haber pasado por la amarga experiencia de ser víctima de un secuestro express. El Orinoco en su crecida de 2018 se llevó con su corriente toda la decepción y la rabia que sentía en ese momento.

Por un instante suspiró al recordar y sus ojos empezaban a tener un brillo particular, pero, es interrumpida por una llamada en la que le solicitan pasar un reporte de Solo Para Políticos, un semanario del que también forma parte; al finalizar intenta retomar, pero de nuevo alguien la llama, esta vez en persona, para afinar detalles de un pedido, pues, esta colega también está encargada de un reconocido restaurante de la zona y su ritmo de vida es imparable. La conversa siguió en medio de un café, que mandó a calentar de nuevo porque tras pedirlo, entre sus múltiples asuntos que atender, no había podido ni siquiera degustarlo.

– ¿Cómo ves hoy a Ciudad Bolívar?

– Yo veo la ciudad, su gente y la comparo con el Orinoco, es decir, caudaloso, pero al mismo tiempo sereno, inspira respeto, una belleza natural y así somos los bolivarenses, somos de temple.

– ¿Cuál es tu propósito al insistir en mostrar otra cara de Ciudad Bolívar?

-Mi propósito es sembrar semillas de amor por la ciudad, así como lo dice y hacen Mariita Ramírez y la agrupación Parapara. La crianza que tuve arraigada al amor por esta ciudad, más mi paso por Parapara hacen que yo tenga una visión distinta y pueda sembrar también esas semillas. Cuando yo te cuento a ti la historia de Piar con la pasión con que lo hago, cuando te digo que el Orinoco sube o baja, cuando te comento de la Cruz del Perdón, cuando te hablo con el orgullo que siento del Amargo de Angostura, te estoy diciendo de dónde tú vienes, te estoy sembrando semillas de amor.Cuando tú siembras eso la gente, indefectiblemente, va a corresponder a la ciudad de la manera en que se identifica. Cuando la gente conoce sus raíces, valora y crea sentido de pertenencia, eso hace ciudadanos distintos.

-Cómo te visualizas dentro de algunos años.

-No he hecho ese ejercicio, pero me gustaría continuar ejerciendo el periodismo con algo más sólido, ser dueña de mis propios medios y poder conjugar la visión empresarial y la visión periodística, pero hacerlo con ética. Los periodistas debemos aprender a vivir del periodismo. Debemos evolucionar, porque es muy triste ver a un periodista que trabajó toda su vida en esto y cuando envejece no tiene de qué vivir.Sueño con un medio dirigido por periodistas, de dueños periodistas y con gente que esté involucrada totalmente con la profesión pero que tenga una visión de negocios y de abundancia.