En el 2018, por la crisis humanitaria en Venezuela, me tocó emigrar sin la más mínima idea de lo que tendría que vivir, esta es mi historia y la de muchos compatriotas que han decido dejar todo por “sobrevivir”

Irama Gil/ Emprendedora

Era el mes de diciembre de 2017 cuando recibo la llamada de mi hermano menor, con la invitación de que me vaya a Ecuador, donde él ya residía desde hace cinco meses. Yo insegura de querer dejar todo lo que me había costado construir en 20 años de ejercicio del Periodismo en mi país.

Recuerdo que esa misma semana, asistí a una reunión con el Alcalde de aquel hermoso pueblo donde viví 17 años, en esa reunión el gerente municipal comentó en secreto que para el mes de marzo la crisis económica en Venezuela iba agudizarse, de hecho el Clap (caja de alimentos que otorga el Gobierno) iba a dejar de llegar porque no había dinero. El panorama en esa vieja ciudad era desolador, ya mis amigos de años se habían ido del país, incluso mi familia también se había convertido en emigrantes, así que noté que quedaba sola, hasta pensé que solo quedarían en Venezuela el “usurpador” y yo.

Mi hermano -nuevamente- se comunica conmigo y me habla de las posibilidades que me ofrecía Ecuador, viendo que aún estaba indecisa me dice un 31 de diciembre, yo ya te compre el pasaje, así que llego en tres días a Venezuela, voy por ti… Esto me aterro, pero al mismo tiempo me ayudó a tomar decisiones rápidas, renuncie al periódico donde era Jefa de Redacción, me despedí de mis seres queridos y amistades, así fue como salí de Venezuela, en un plan de huida por la crisis que ya alcanzaba mis talones, con el corazón arrugadito como una pasa porque dejaba atrás todo lo que me había costado construir, le decía adiós a mi abuela de 95 años de edad, y a mi madre que hasta el sol de hoy no la veo ni a mis hermanos. Que duro tener que huir de tu país

Llegué a Quito

No se si te ha pasado, cuando llegas a un lugar por primera vez comienzas a ver todo a tu alrededor con gran asombro, como si no te creyeras que estás en otra ciudad, a kilómetros del “mundo” que conocías. A ti te dio depresión? A mi si, duré tres meses deprimida, durante ese tiempo mi vida se estancó, y es lo que sucede cuando te deprimes, el tiempo transcurre y la gente continua su vida mientras entras en un estado “vegetal” por llamarlo de algún modo.

Mi primer empleo fue vender helados en la calle, te podrás imaginar el choque emocional que tuve, de ser Jefa de Redacción a ser una vendedora ambulante. Seguramente te pasó algo similar… Cuando salí de Venezuela sabía que no iba a volver a ejercer mi carrera, y no porque sea bruja o no tenga confianza en mi misma; sino porque era mi decisión. Yo no quería ser más una empleada, me aterraba la idea de llegar a los 50 años y andar por la calle pidiendo al Gobierno que apruebe jubilación a los periodistas.

Y es así como descubrí que lo mio es ser emprendedora, aprendí a valorar cada dólar y hacer un buen uso de ese dinero, por lo que cree el hábito de ahorrar (sin importar cuánto ganara, me propuse que tenía que ahorrar el 10% del total de mis ingresos). Pero vender helados no fue lo único, luego vendí perfumes hasta llegar a vender aguacates y limones, fijate tu que un domingo en vez de estar en casa sin hacer nada y mirando el techo, encontré la forma de ganar dinero, de hecho en un día podría traer a casa hasta 30 dólares, malo? Malo no es, pues de centavitos en centavitos logré ahorrar dinero para pagar mi formación en Marketing Digital, para ello tendría que ser entrenada con los mejores y como sabrán, para lograrlo hay que pagar…

Los retos que te ponga la vida debes asumirlos, pues es un aprendizaje que el Universo pone en tu camino para lograr tus metas

Así fue como conseguí mi primer cliente, a quien le ofrecí mis servicios como Community Manager a cambio de ganar el 10% del total de las ventas que se hicieran por las redes sociales y Google Ads, allí fue cuando mi situación comenzaba a girar justamente en dirección a lo que ya me había propuesto el día que me fui de Venezuela.

Este es mi otro emprendimiento, aún lo mantengo. Te recomiendo que tengas varias entradas de dinero, de esa forma jamás te falta

Mi historia aún no termina, porque estoy en plena formación. Lo que si puedo decirte con total certeza es que haber emigrado fue lo mejor que me ha podido suceder, aprendí lo necesario para ser una emprendedora exitosa -con sus fracasos y aciertos-. También desarrolle habilidades que muchos empleados asalariados no tenemos, el de ahorrar con un propósito, ahorra todo lo que puedas (si es posible vuélvete celosa de tu dinero). Otra cosa que aprendí fue a valorar lo que realmente importa, tu familia y tus amigos, a esos que en mi caso tengo mucho tiempo sin ver y que lamento no haber podido compartir más tiempo con ellos por estar dedicándole tiempo a un empleo “fijo”. Si eres emigrante, qué has aprendido? Consideras que has cambiado, y en qué?

Gracias por leerme.

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